Como dice Pedro G. Romero, no hay nada que se le compare: María Marín es flamenco puro, antes y después del flamenco. Sin necesidad de apellidos ilustres, esta utrerana domina la arquitectura de la guitarra con una técnica apabullante, forjada entre conservatorios y leyendas como Tomatito o Carles Benavent. Su paso por la compañía de Israel Galván confirma que entiende el cante desde la piel y el hueso. Con «Las Tres Marías», levanta un nuevo canon donde lo clásico y la vanguardia se funden en una cartografía sonora única.