Olvida la paz familiar: lo de este trío valenciano es una emboscada de punk acelerado que te explota en la cara antes de que puedas decir «hola». Curtidos en las filas de Finale y Típex, Hogar factura píldoras que funcionan como un chute de adrenalina directo al ventrículo. Su LP «Todos contra todos» es un manual de supervivencia en el fango: diez cortes que muerden y que convierten el vacío interior en un pogo descontrolado.

Aquí no hay relleno. Las guitarras cortan como cristales rotos y el bajo reclama una presencia insultante, tejiendo líneas que se desmarcan del sota-caballo-rey para ganar una riqueza poco habitual en el género. Sus letras son un autorretrato crudo de la humillación, los demonios y el odio, pero siempre servidos con ese sarcasmo necesario para no terminar de hundirse. Es ruido con sentido, una explosión de dinamita sónica que abraza la distorsión y el desencanto con la misma fuerza. Al Monkey Week llegan con nuevo EP bajo el brazo y la intención de que nadie salga de allí de una pieza. Pura energía letal.